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El mundo que nos toca vivir nos tienta con el progreso personal, con el ingreso a los circuitos de consumo y con la plena posesión de los derechos de la adultez. Por cierto, se fomenta la admiración por la precocidad… nos encanta que los niños vivan situaciones adultas. Ahora bien, qué es una situación adulta? Pues según parece, tener deseos sexuales y ansias de posesión o quizás adquirir cierto aplomo mundano que permite usar palabras tales como igualmente, saludos por su casa, o muy amable de su parte.
La precocidad de un niño pianista es admirable... la precocidad de un miserable que aprendió demasiado pronto los riesgos de prestar libros… es basura. Como quiera que sea, el mundo exige abandonar los juegos y progresar y los que se quedan jugando reciben desprecio y burla. Por eso, hay quienes como Sir James Barry que han resuelto seguir jugando en secreto. Hay personas que sin que nadie lo sepa recorren las calles…y juegan. No pisan las baldosas azules para no matar ángeles y si las rojas para matar demonios, o juegan a que morirán si se cruzan con una rubia en la siguiente cuadra o gritan en los zaguanes o pisan las hojas secas para deleitarse con el crujido, pero no nos engañemos, estamos hablando de otra cosa, no de mera afición lúdica. Se trata de seguir en secreto profesando una moral heroica, de seguir creyendo, de creer no con la estupidez de los mamertos sino con la locura de los que jamás podrán aprender a acomodarse en un universo burgués de mezquindad, de seguros contra robos, y de electrodomésticos como parámetros de dicha.
James Barry no quería crecer, Peter Pan no quería crecer. No querían crecer en el peor de los sentidos, no querían esa mediocre resignación que algunos llaman madurez. Nosotros, hemos resuelto seguir jugando en secreto, jugamos a que un buen verso salva una vida, jugamos a que el amor es más importante que la prosperidad, jugamos a pensar, a enloquecernos con un acorde, jugamos a creer que lo mejor de la vida todavía no sucedió. Claro que allí están las personas razonables que nos desprecian y nos dicen Peter Pan, y se ríen de nuestros juegos y de nuestros sueños. Bien está. Para ellos es todo el mundo, el mundo de los adultos y de los burgueses.. el mundo de la televisión, el mundo de los concursos, atención, o el del rating tampoco es el mundo de los juegos. Porque los juegos, el sueño secreto de la juventud, es cosa, de gente seria.

By Dolina (aplauso cerrado).

6 Variedades De Milanesas:

Mandrake el Vago dijo...

pri! :p

Mandrake el Vago dijo...

uh, dolina no es mi feivour :P :/ pero es muy cierto. A veces me indigno con las defensas de la madurez que se hacen dsde posiciones que, a mi parecer, son inmaduras. Por ejemplo: esa idea que uno no puede vivir jugando o comportandose como chico pero pretender que las cosas sean como uno quiere de una vez y de un golpe, pretender que todos vean las cosas como las veo yo, etc. esas son actitudes "re" maduras :P

mandrake el vago dijo...

Es decir... hay actitudes y conductas socialmente consideradas inmaduras y otras no cuando también podrían ser consideradas tales. Por ejemplo, lo lúdico, la afición a las historietas o cierto tipo de peliculas pueden entrar fácilmente en inmaduras...
Pero por ejemplo, que muchas personas "maduras" se queden con rencores de decadas o lo que le hizo el hermano cuando tenían ocho y seis, que se enojen con sus obstaculos (como hace el chico que se choca con la pata de la mesa) o que se comporten arbitrariamente como el chico que piensa que es asi porque lo dice el o que se comporten como los chicos que suelen querer el juguete del vecinito o que sean incapaces de distinguir una cosa d euna persona esas no son consideradas conductas inmaduras y tienen un curioso parecido con la conducta de la niñez que, curiosamente, ellos no lo notan. Así que, en resumen, acuerdo con vocé

Camila C. dijo...

Esta entrada simplemente, me alegró el día :D

Mr. Popo dijo...

Como diría Sheldon, "There, there"

Y, sí, también adhiero al sentir de los niñohombres, o de los hombreniños.

Hugo dijo...

Lindo texto, gracias por postearlo.

A veces nos olvidamos demasiado lo lindo que era ser chicos. Y lo fácil que puede ser simplemente dejarse llevar.

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