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Libros. 

Grandes o chicos. Complejos o fáciles de entender. Extensos o cortos. De tapa dura o todo lo contrario. Viejos o nuevos. De colores llamativos o sombríos. Muy leídos o desconocidos. Con fotos o sin ellas. Electrónicos o impresos. Con dedicación o sin dedicación. Con mensajes ocultos. Libros de historia o de fantasía. Apilados en torres o empolvados en una repisa.

Sin importar su clasificación, sus estilos o sus contenidos, leer libros te transporta a una dimensión desconocida con la magia de la palabra, la expresión del sentimiento y la eternidad de la imaginación.

Leer, leer, leer. En un día de lluvia o de extremo calor, en el balcón de tu casa, en el colectivo, debajo de un árbol, retorcida en un sillón, sentada en el piso o patas para arriba. Todo lugar es apto (excepto una cancha de fútbol o un sauna, creo yo).

Nadie debería dejar de leer ya que esto ayuda a viajar lejos. Lejos. En serio lejos.

Never die.


Para resumir/reafirmar (y cualquier otra palabra que empiece con R) esta pequeña reflexión porque se hace tarde (?) y el blog ya cumplió un año, les tiro:


“Allí donde se queman los libros, se acaba por quemar a los hombres”

“Un hogar sin libros es como un cuerpo sin alma”

“Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora”

“No hay mejor fragata que un libro para llevarnos a tierras lejanas”.
3
Debo decir que, no tengo garantía de seriedad. Cambio y fuera.
8
Hoy me encontré 5 centavos. 

Soy tan grosa que en vez de encontrar un billete de 100, me encuentro una de estas pequeñas. Peeeeeeeero, por lo menos no fue una de un centavo. Uff.

Ahora, veámosle el lado positivo. 5 centavirijillos alcanzan para:

Un filete con patatas, taza de café, un pastel y el diario. Y queda cambio para un viaje en tranvía del muelle Battery al campo de polo.

Si, definitivamente.
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